SABER SER EN ENFERMERÍA: la perspectiva de un arte.


Quizá, le enfermería como arte, sea una de las perspectivas más desconocida de nuestro quehacer profesional, es la perspectiva más silenciosa, la menos evidente, estoy segura de que ninguno de los profesionales del cuidado siente conscientemente esta faceta de su profesión, ninguno en nuestro día a día, nos sentimos creadores de algo especial, no somos las más de las veces conscientes de la dimensión que tienen nuestros cuidados. Sentir que el cuidado es un arte se nos olvida, y se hace notar muy poquito en el día a día laboral. Sin embargo está en lo que somos, en nuestro tiempo creador, en cada una de las actividades que como enfermeras realizamos en nuestro tiempo profesional.

Definir la enfermería como arte no es nuevo, esta concepción viene de tiempos pasados, se remonta al origen mismo de los pueblos. El arte de cuidar es la base de las Ciencias de la Enfermería, es su razón de ser. El cuidado es la obra de arte de nuestra profesionalidad, y este es sin duda nuestro privilegio. Sirva de inicio la definición de Florence Nigthingale, la realidad que ella veía en la enfermería:



“La enfermería es un arte, y si se pretende que sea arte, requiere una devoción tan exclusiva, una preparación tan dura, como el trabajo de un pintor o escultor, pero… ¿cómo puede compararse la tela muerta o el frío mármol con el tener que trabajar con el cuerpo vivo, el templo del Espíritu de Dios? La enfermería es una de las Bellas Artes, casi diría, la más bella de las Artes”

Pero, una de las definiciones de arte que a mi me hizo ser consciente de la perspectiva artística de nuestra labor es la de Joseph Beuys, quien es considerado uno de los artistas europeos más influyentes de la segunda mitad del siglo XX.

“El objetivo del arte es hacer a la gente libre, por lo tanto para mí el arte es la ciencia de la libertad”.

Esta corta definición, me hizo sentir que nuestra labor, en cada una de las diferentes actividades que realizamos, pequeñas o grandes, tiene el mismo objetivo que el arte. Con nuestro quehacer, queremos conseguir que la persona que es objeto de nuestros cuidados sea lo más independiente posible dentro de su circunstancia vital. Queremos que esa persona pueda utilizar todas sus facetas vitales. Con nuestros cuidados buscamos que llegue a ser independiente, que asuma las capacidades que tiene, e incluso, intentamos hacerles ver que aún queda mucho, cuando quizá lo que queda es muy poco. Si no, no tendrían sentido muchas de las conversaciones, que desde su simplicidad, intentan hacer ver a la persona que padece un problema que lo que cuenta es el presente, que el presente es lo que se tiene… que quizá, en cada minuto hay un mundo por descubrir. Y todos sabemos, que esta no es una tarea fácil. Para ser un profesional de la enfermería, se necesita ser mucho, saber ser sin límites, olvidando muchas veces el principal límite que es esa falta de tiempo con la que tantas veces nos enfrentamos.

La enfermería, en su ejecución, conjuga conocimientos, corazón, fortaleza, humanidad, exige una importante implicación de lo que cada enfermera sabe, siente, percibe, comprende. En cada una de las actividades con la que nos enfrentamos a nuestra labor profesional, ponemos en juego nuestro saber ser, lo que somos emocional, cultural y psicológicamente.

Nuestra labor profesional se realiza las más de las veces en una situación concreta en la que el sujeto que observa es el ser humano doliente, y quienes observamos somos nosotras, que lo hacemos desde lo que somos. La enfermera, desde su saber ser, no es ajena a la situación que percibe, a las circunstancias en las que se desarrolla su quehacer profesional, hacia el contexto muchas veces envuelto por el sufrimiento y el dolor. La persona que sufre no no es ajena.Ahí, la enfermería, es un arte, pues nunca permanece distante ante la situación que presencia, sea conflictiva o equilibrada, situación en la que permanece y en la que intenta proyectar "algo". Al igual que el artista en una tela, en un papel, en una piedra, en el acero; nosotros proyectamos nuestro saber ser en el cuidado.

El artista permanece como lo que es, con su saber ser, así, en su totalidad permanece con toda la compleja realidad del subconsciente, del sentir, de lo imaginado de lo presentido… con una infinita capacidad de empatía hacia lo que tiene delante de los sentidos.

El artista debe intentar nuevas formas y gramáticas que le permitan expresar su mundo, sus conocimientos, sus técnicas y ofrecer a través del tiempo creador de su actividad una realidad nueva que permita la expresión de la intimidad propia y la del otro, y a su vez, conseguir certeza en su capacidad de expresión. Todas estas anotaciones están muy cerca de lo que la enfermería es. Como en la vida de los artistas, la esencia de le enfermería reside en la imaginación creativa, en un espíritu sensible, en la comprensión inteligente. Todo ello es parte del fundamento esencial de los cuidados de enfermería.

La enfermería no sólo se fundamenta en el conocimiento científico, además ha de recurrir a la intuición, a la creatividad, a la imaginación, a la capacidad de expresión para solucionar muchos de los problemas que se plantean en el devenir de su actividad profesional. Debe interpretar lo que ve, intuir a quien tiene delante; un ser humano que presenta un determinado estado emocional que ha de ser identificado, que presenta una serie de necesidades a veces explícitas, y las más de las veces invisibles. No tangibles. En nuestra labor profesional nos vemos inclinados a preguntar sobre experiencias subjetivas que no siempre son fáciles de expresar, sobre las creencias de la persona que sufre, sobre su realidad social, sus sentimientos. Nos vemos obligados a considerar los valores de la persona para poder proyectar unos cuidados afines a esa persona que cuidamos.

Todo esto implica que además de estar en el lugar de los hechos, en el espacio de la enfermedad, la enfermería debe permanecer con el paciente en el espacio de su pensamiento, de sus sentimientos, en el espacio de su intimidad, permanecer a su lado de una manera emocional y mentalmente abierta. Y esto, nosotros que lo sabemos… no siempre es fácil, incluso hay circunstancias en las que simplemente no puede ser conocido, y tenemos que trabajar absolutamente desde la intuición.

Florence Nightingale consideraba que el tacto, la luz, la escucha empática, la música, la reflexión silenciosa… todos ellos son componentes, del buen cuidado. Por esto, ella sabía bien que estábamos ante la más bella de las artes. Si pensamos en la literatura, en la pintura, en la escultura, ahí podemos intuir un poco eso que somos, eso que modelamos. Ese tacto, la luz, la reflexión, la empatía… La enfermería, desde nuestro saber ser, no es un cúmulo de cuidados técnicos. Intuir que la enfermería es solo científica sería un puro reduccionismo de lo que es la Ciencia del Cuidado, de lo que es la Enfermería.

Pensemos en cualquier autor de la literatura universal, en Dostoivesky, en Miguel de Cervantes, en Shakespeare, si acercamos nuestra mirada a sus obras, seremos conscientes de la reflexión, de la empatía y solidaridad con el sentir humano que hay en cada una de ellas. Sus palabras reflejan la tragedia del ser humano, el dramatismo del que la vida a veces se cubre. Es la vida de la tragedia, esa vida que nosotros hemos visto hecha presencia en las habitaciones de la unidad en la que como profesionales del cuidado trabajamos.

Os recomendaría leer la obra titulada La muerte de Ivan Illich, del escritor ruso León Tolstoi, y me diréis si lo que encontráis en ella no es a lo que tantas veces os habéis enfrentado en vuestras horas de jornada laboral, el suspiro a cámara lenta con el que a veces se disfraza la misteriosa muerte en las unidades de hospitalización, el hondo sufrimiento que en un momento dado envuelve la vida de los seres humanos. Y mi pregunta es: ¿No hacemos nosotros, desde nuestra labor de cuidadores, lo mismo? ¿No estamos nosotros continuamente interpretando la tragedia humana cuando vemos lo que vemos en nuestra unidad de trabajo?

Desde nuestra labor profesional, desde nuestra perspectiva de cuidadores, intentamos también descifrar la tragedia, el dolor, nos acercarnos a él, ofrecemos nuestro saber ser, la integridad que somos como personas, como seres humanos. Creamos así nuestra obra de arte: el cuidado.

Pensemos también en la pintura, en la obra de Van Gogh, en la de Cezánne, en Kandinsky, en Picasso, en Gustav Klimt. En ellas vemos el color, la luz, la pobreza, el dolor. Fragmentos del sentir, del vivir humano, colores afines a cada uno de nosotros, a cada una de nuestras circunstancias, pero que ellos, artistas geniales, supieron plasmar en un lienzo en blanco con las herramientas del color, de la luz., de la perspectiva visual.

Siguiendo con el ejemplo de la pintura, desde la obra de Kandinsky, fui capaz de ver que nosotros, al igual que él, también generamos nuestra obra, nuestros cuidados.

Para él el arte es “la expresión exterior de una necesidad interior”… y nosotros en nuestro quehacer es lo que realizamos, suplir o ayudar en la satisfacción de una necesidad concreta, para ello primero hemos de expresarla, de identificarla.

Esta por demás decir, que las necesidades que nosotros desde nuestro saber ser somos capaces de expresar, casi nunca se quedan en lo físico, pues siempre, si se utiliza el tiempo adecuado, se llega a la expresión de un sentimiento, se apela al sentir, a la expresión de lo sentido. A veces detectamos rabia, tristeza, miedo, y de vez en cuando, la sorprendente alegría.

Al igual que Kandinsky, en la elaboración de nuestros cuidados, partimos de la impresión, (impresión directa de la naturaleza exterior) continuamos con la improvisación, (expresión espontánea, y en parte inconsciente, de carácter interior) y buscamos llegar a la composición (expresión de un sentir interior, pero elaborado lenta y repetidamente)

Nosotros, como el genial pintor, actuamos a partir de la impresiones, de lo que nos dicta la visión directa de la naturaleza exterior, nos colocamos como profesionales frente a una persona con un diagnóstico físico, ante un ser humano con unas circunstancias concretas y que necesita ser cuidado. Desde esta realidad tangible partimos.

Después, en cierto modo improvisamos, expresamos de una manera espontánea, con cierto carácter interior, nuestro parecer, se nos mezclan quizá lo sentido con lo presentido, improvisamos desde la empatía, desde la intuición, improvisamos desde nuestros sentimientos, desde los sentimientos que percibimos en el otro … y esta improvisación está sustentada en nuestro conocimiento científico aunque este aún no sea evidente.

Por último, realizamos nuestra composición, la expresión de un cuidado que se fundamenta en un conocimiento científico, basado en datos elaborados en conciencia y repetidamente a lo largo de nuestra vida profesional.

Es entonces cuando nuestra composición se da como un diagnóstico de enfermería, y es en ese momento cuando podemos decir que empezamos a cuidar, cuando comenzamos nuestra obra de arte. Pensemos en una unidad concreta, en la de neurocirugía… cuántas veces hemos tenido que partir denuestras impresiones, de lo improvisado, para llegar a una composición de lugar, circunstancia y sentimientos.

En nuestra labor, es rutinario planificar cuidados a partir de la impresión, de lo que nos dicta la visión directa de la persona a la que cuidamos, pensemos si no en la interpretación que realizamos cada vez que nos ponemos a cuidar a una persona que no es capaz de comunicarse, que no es consciente de su realidad, que no es capaz de expresar sus sentimientos, ni siquiera una mínima necesidad… esto es muy frecuente en neurocirugía.

La improvisación también es rutinaria en nuestro saber ser, no son pocas las ocasiones en las que expresamos de una manera espontánea nuestro parecer, en cuya base siempre está el conocimiento científico, el saber cuidar.

Y es que desde nuestra profesionalidad, y ya desde una primera valoración sabemos perfectamente qué tenemos que hacer, ante qué nos enfrentamos y por dónde hemos de empezar para realizar unos cuidados.

Y por supuesto, realizamos nuestra composición, la expresión de un cuidado basado en el conocimiento científico y en nuestro saber ser, nuestra interpretación personal ante la infinita complicación de métodos y técnicas para el cuidado, el descubrimiento y elaboración de cómo ha de ser ese cuidado que vamos a proyectar.

Siguiendo con el mundo de Kandinsky, él afirmaba que “Cada cuadro encierra misteriosamente toda una vida, toda una vida con muchos sufrimiento, dudas, horas de entusiasmo y de luz…”

Y nosotros sabemos que cada cuidado planificado, es como un cuadro, que también encierra misteriosamente toda una vida; nuestros cuidados siempre se dirigen hacia una persona, hacia un ser humano con biografía, peculiar, concreto. En nuestros cuidados va implícito, además de ese conocimiento científico, lo que somos, nuestro saber ser.

Los cuidados, desde su perspectiva de arte, son sólidos, independientes. Es el arte de la enfermería el que ante la complicación de métodos y técnicas perfila el descubrimiento de lo que el cuidado ha de ser, y como tal arte, es puramente esencial, es puramente enfermería en sí misma. Nadie nos va a poder sustituir, nadie si no nosotros puede ostentar el privilegio del saber cuidar.

La enfermería va hacia delante, hacia el mañana, no puede “estar de vuelta”, simplemente porque no hay vuelta. Hemos de caminar atendiendo certeramente a la peculiaridad de nuestro arte, el arte de cuidar, y buscar su más celosa independencia, esa esencia, que por pertenecernos nadie nos puede arrebatar. No debo alargarme más, así que como última idea, como último apunte, y siguiendo con el pensamiento de Kandisnky, el decía que:

“El artista vive una vida compleja, sutil, y que la obra nacida de él, provocará necesariamente en el espectador capaz de sentirlas, emociones más matizadas que nuestras palabras no pueden expresar.”

Pensáis quizá que esto no tiene mucha relación con vuestra labor, que nadie tiene sensaciones no expresadas ante vuestro quehacer como enfermeras, que vuestra labor pasa las más de las veces desapercibida, pero si os acercáis y recordáis vuestra vivencia profesional, recordaréis que no son pocos los momentos en los que alguna persona no pudo y no supo expresaros con palabras el agradecimiento que sentía hacia vuestra presencia, hacia los cuidados que desde vuestro saber ser, desde lo que sois como personas, en un momento dado creasteis. Que hubo personas que como agradecimiento no tuvieron palabras, pero si algún gesto excepcional, alguna emoción tangible expresada no verbalmente.

Por último, quisiera puntualizar que mi única intención, la que prevalece detrás de toda esta retahíla es que nos queden siempre en el recuerdo las palabras de Florence Nightingale, porque eso es la enfermería; la expresión de la más Bella de las Artes.

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